Historias del básquet puntaltense: Hoy, la brillante e impecable trayectoria de Irma Rubio

Actualidad 17/09/2020
A 10 años de su deceso, se la recuerda por su extensa y consagrada carrera deportiva, pero también por su amplia generosidad al cuidado de personas que necesitaron una mano amiga: Por ello, le llegaron a delegar una propiedad y con su desinteresada actitud hizo que se transfieran los fondos, productos de la venta, al Hospital Municipal "Eva Perón".
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- Rosario campeones 1955. Irma, tercera desde la izquierda.

   Irma Rubio nació en Punta Alta, el 15 de febrero de 1932. 

   Sus padres fueron Felipe Rubio y Leonila Álvarez, ambos españoles, oriundos de Fasgar, en el Valle Gordo, provincia de León.

   Fue la tercera hija y única nacida en el domicilio de Urquiza y Buchardo, lugar donde funcionó el “Almacén, Bazar y Forrajes” de Felipe Rubio, y en cuya casa de familia se fundó el Club Almirante Solier. 

   A los 7 años comenzó la Primaria en la Escuela Nº 99 “Ricardo Gutiérrez”, de calle Paso y Luiggi (hoy Escuela Nº 23). Como era la Ley Láinez sólo se impartía enseñanza hasta cuarto grado.

   Pasó entonces a la Escuela Nº 20 “Domingo Faustino Sarmiento”, de Irigoyen y Murature (hoy Escuela Nº 2), donde finalizó sus estudios primarios. Irma fue una excelente alumna tal lo reflejan los boletines de calificaciones y concepto de la época.

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La recordada vecina, se ubica sexta desde la izquierda.

   A los 15 años y al no existir en esta ciudad un colegio Secundario, se inscribió en la Escuela Industrial (ex ENET, de calle Humberto al 200), donde aprendió corte, confección y bordado, y por las noches asistía a Secretariado Comercial.

   En el año 1947, una compañera de grado, Nelly Morresi y cuyos hermanos eran dirigentes del Club Comandante Espora, le contó que en Bahía Blanca, en el Club Deportivo Norte (hoy Bahiense del Norte) se practicaba básquetbol femenino, y la entusiasmó para iniciar la misma actividad a nivel local en el club de calle Mitre 951.

   Así comenzó la práctica activa del deporte de los cestos bajo la dirección técnica de Aurelio Sobrino. El entusiasmo ganó rápido espacio, con indumentaria incluida, consistente en pollera pantalón color azul y buzo blanco. El servicio militar convocó al entrenador, quien al no tener reemplazante, hizo que la actividad cesara.

   Tiempo después, en 1951, Trabajadores del Estado, participaba de los Torneos Deportivos Intersindicales, y decidió incluir, entre otras disciplinas, el básquetbol femenino.

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Con el Nº 4, segunda desde la izquierda.

   Osvaldo Ageo Ferretti, secretario general del gremio, se apersonó en el domicilio de la familia Rubio, interesando al papá de Irma, para poder contar con la asistencia de la jovencita, y de esta manera, formar un equipo competitivo.

   Contó, además, con alumnas del Colegio Nacional, que practicaban pelota al cesto y, por lo tanto, tenían dominio del balón.  Entrenaban en horario vespertino y para quienes desarrollaban otras obligaciones, lo hacían en horario nocturno en la Sociedad Argentina de calle Urquiza 123, hoy Museo "Carlos Darwin".

   El flamante equipo intervino en los juegos deportivos intersindicales del año 1951, en la ciudad de Mar del Plata.

   Al regreso de esta primera experiencia, el Club Ateneo inauguró el campo de deportes en calle Paso 250.  Por tal razón organizaron un torneo de básquetbol femenino, interviniendo los tres equipos más poderosos de la provincia de Buenos Aires; es decir, Quilmes de Mar del Plata, Federación Empleados Telefónicos de La Plata y Atlético KDT de Pehuajó, quienes junto a Ateneo dieron vida al torneo.

   Fue de una dimensión tal, que la Asociación de Básquetbol de Coronel Rosales optó por oficializar la práctica del básquetbol femenino.

   El primer torneo organizado por la entidad madre, se disputó en el año 1953, y encontró a Irma integrando el equipo de Ateneo, que ocupó la tercera colocación.

   Irma integró el primer seleccionado de básquetbol femenino local para jugar el torneo regional, bajo la dirección técnica de Armando Traini.

   En 1954 formó parte del equipo de Rosario Puerto Belgrano, quien resultó campeón del torneo.

   Ese mismo año, jugó en el seleccionado puntaltense que participó del Torneo Provincial disputado en Pehuajó,. Se ubicó en segundo lugar y el equipo fue la revelación.

   Con Rosario Puerto Belgrano se consagró en el primer puesto en los torneos oficiales de los años 1955 y 1956. Este último año, integró el  seleccionado local que participó del Torneo Regional disputado en Coronel Suárez, también campeones.

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De pie, primera desde la derecha.

   A renglón seguido participó en el provincial disputado en la ciudad de Bahía Blanca, donde fueron nuevamente campeonas, teniendo Irma una destacadísima actuación.

   En el año 1956 contrajo enlace con Luis Heredia, acaso el mejor número 10 de todas la épocas del  Club Rosario Puerto Belgrano y de los seleccionados de la Liga del Sur.

   En el transcurso del año 1957, hizo un paréntesis obligado, en razón de encontrarse embarazada.

   Nació su único hijo, Ricardo, quien también fue jugador de básquetbol y de fútbol del Club Rosario, y tuvo otra actividad, el referato, arbitrando en Punta Alta, Bahía Blanca, y a mediados de la década del 80 y por su capacidad, llegó a arbitrar encuentros de Liga Nacional a lo largo y ancho del país.

    En 1958, Irma fue parte del Seleccionado Rosaleño que participó en el Torneo Regional disputado en la ciudad de Tres Arroyos. Fue campeona y se destacó notoriamente.

   Aprovechó para despedirse de los rectángulos de juego.

   No obstante, en el año 1975 se fundó en Bahía Blanca, la Asociación de Básquet Femenino del Sud. Formaron parte dos clubes de nuestra ciudad, Rosario y Altense. Pese a que se había retirado, y a sus 43 años, integró el equipo de la casaca francesa. Jugó todo el torneo y se obtuvo el campeonato en calidad de invicto.

   En 1976 siguió jugando. En la vecina ciudad y en un torneo similar al del año anterior, Rosario se consagraba sub campeón, y entonces Irma Rubio, decidió ponerle punto final a su brillante e impecable trayectoria.

   De carácter indeleble, temperamento férreo y profundo compromiso social, Irma desde hacía 
muchísimo tiempo había encarado un  rol de atención y apoyo de muchas personas amigas de la vida. Esos casos en que se requiere de una mano en tiempos difíciles cuando el paso de los años azota con 
los rigores de la enfermedad y el olvido.

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   Basta recordar su activa participación en la atención de la señora Juana Iglesias, mujer que a expensas de Irma, donó en sus últimas horas de vida el inmueble de su propiedad a favor del Hospital "Eva Perón", con cuyo producto se instaló el sistema de oxígeno terapia, actualmente en uso en el nosocomio local.

   A propósito, la nota del diario “La Nueva Provincia” del 23 de mayo de 2003 señala:

   "...El Hospital Municipal podrá contar con una central de oxígeno con la generosidad que a veces escasea. Irma Rubio de Heredia dijo simplemente que era lo más justo, en referencia a su decisión de desistir a que le donen un inmueble y destinar los fondos de su venta a una entidad de bien público. 'Yo fui a cuidarla seis meses y medio al Hospital Penna de Bahía Blanca, sin faltar un solo día, porque Juana era mi amiga', dijo...".

   "...Por su parte, la titular del Voluntariado Maria Goretti, creyó oportuno resaltar el loable gesto de Juana Iglesias y de su amiga Irma Rubio, quien siempre estuvo a su lado, hasta sus últimos momentos. Cuando Juana expresó que quería darle su casa, Irma tuvo el hermoso gesto de decirle que no, porque ella la estaba cuidando verdaderamente de corazón. y de inmediato le sugirió que había gente en quien confiar como nuestro Voluntariado...”.

   En forma complementaria a esta vocación natural de asistencia desinteresada al prójimo, Irma se desempeñó como delegada del Círculo de Consumidores de la Cooperativa Obrera, con una labor de construcción diaria en defensa de los intereses comunitarios.

   Caminante incansable, rara vez que no cumplía su rutina diaria de recorrer ocho kilómetros, cargando de su derrotero toda la energía positiva, que luego distribuía en sus múltiples actividades en la búsqueda permanente del bien común.

   Irma era abuela de tres nietos que sin duda, eran la verdadera prolongación de su vida y a quienes acompañó desde el mismo moisés.  Disfrutó de ellos, con la ilusión de verlos formados como ejemplos de vida, como lo fue sin duda, de su compañero y esposo Luisito Heredia.

   Irma Rubio falleció el 17 de septiembre de 2010. Tenía 78 años.

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