Contestations, cartons, embrouilles : appelez-le « Dirty » Messi

Contestations, cartons, embrouilles : appelez-le « Dirty » Messi

La evolución de Messi en los Estados Unidos ha sorprendido a muchos. Lejos quedó aquella imagen del jugador callado y sereno que veíamos en Barcelona. Desde su llegada al Inter Miami, hemos sido testigos de una nueva faceta del astro argentino. El octuple Balón de Oro ahora muestra un carácter más firme y combativo en el terreno de juego, ganándose el apodo de “Dirty Messi”. Este cambio ha llamado la atención de aficionados y especialistas por igual, quienes no están acostumbrados a ver esta versión más temperamental de la Pulga.

La transformación del genio argentino

Durante sus 17 temporadas en el FC Barcelona, Lionel Messi se caracterizó por su comportamiento ejemplar. Apenas recibió una tarjeta roja en toda su etapa como culé, algo notable para un jugador que disputó más de 700 partidos con el club catalán. Sin embargo, algo cambió en la personalidad del argentino. El punto de inflexión parece haber sido aquel polémico partido de cuartos de final del Mundial 2022 contra Países Bajos, donde se produjeron 17 tarjetas amarillas y donde vimos a un Messi desafiante.

Ese encuentro nos mostró una faceta desconocida del genio argentino, especialmente cuando se dirigió a Wout Weghorst con su ya célebre frase: “¿Qué miras, bobo?”. Esta actitud más confrontativa se ha trasladado a su experiencia en la MLS, donde ha protagonizado diversos incidentes que contrastan con su imagen anterior. En el reciente partido entre Inter Miami y Palmeiras (2-2) por la Copa Mundial de Clubes, pudimos observar a un Messi que no dudó en cometer una falta táctica para cortar un contraataque, recriminar a su compañero Telasco Segovia por perder el balón y hasta mostrar gestos irónicos al árbitro.

A sus 38 años, Messi parece haber humanizado su figura. Ya no es aquel jugador que se levantaba sin protestar tras recibir faltas constantes. Ahora defiende su posición con mayor vehemencia y no tiene reparos en expresar su descontento. Esta evolución refleja una madurez diferente, donde el argentino ha decidido que su voz también debe hacerse escuchar en el campo. Si bien este comportamiento ha sorprendido a muchos, también ha mostrado otra dimensión de su carácter competitivo que quizás estaba contenida durante años.

Enfrentamientos con árbitros y rivales

Los desencuentros de Messi con el cuerpo arbitral se han vuelto frecuentes desde su llegada a Estados Unidos. A finales de febrero, tras el empate contra el New York City FC (2-2), la MLS le impuso una multa por agarrar del cuello al entrenador asistente del equipo rival. Este incidente ocurrió después de una acalorada discusión con el árbitro que terminó con una amonestación para el argentino. Situaciones similares se han repetido en diversos encuentros, mostrando a un Messi más confrontativo.

En mayo, durante un empate contra San José (3-3), el argentino se mostró furioso por una falta no señalada a su favor. Su protesta fue tan intensa que el árbitro, tras mostrarle tarjeta amarilla, le ordenó retirarse con un “Váyase ahora”. Messi se negó a marcharse y estuvo a punto de recibir la segunda amarilla, cuando Bruce Arena, entrenador de los Quakes, intervino para evitar una expulsión que consideraba “ridícula”. Este tipo de comportamientos se han convertido en habituales para el jugador que acumula 866 goles como profesional.

Pocos días después de ese incidente, Miami perdió contra Orlando (0-3). El primer gol del partido generó controversia por originarse en un pase que parecía involuntario de un defensa hacia su portero. Messi protestó enérgicamente y más tarde declaró: “El árbitro me dijo que ni siquiera conocía esa regla y que no le pareció claro. No son excusas, pero siempre hay alguna acción, algún detalle con el arbitraje… La MLS debería analizar esto más detenidamente”. Estas declaraciones evidencian la frustración del argentino con las decisiones arbitrales en la liga estadounidense.

El estatus de superestrella en Norteamérica

A pesar de estos incidentes, el estatus de Messi como ícono del fútbol permanece intacto en Estados Unidos. Su llegada a la MLS ha generado un impacto sin precedentes, convirtiendo cada partido del Inter Miami en un evento especial. Un ejemplo que ilustra perfectamente su condición de superestrella fue cuando un árbitro fue amonestado por la Concacaf por pedirle un autógrafo. Este hecho demuestra la admiración que despierta incluso entre quienes deberían mantener la imparcialidad durante los partidos.

La popularidad de Messi trasciende las rivalidades deportivas. Durante los encuentros de playoffs, hemos visto cómo aficionados de equipos rivales celebran su presencia y buscan fotografiarse con él. Esta devoción contrasta con los roces que ha tenido con algunos jugadores, como el paraguayo Andrés Cubas, ex jugador del Nîmes y actual futbolista del Vancouver, aunque el propio Cubas ha restado importancia a estos incidentes.

Cuando el argentino no se presenta a un partido del Inter Miami, la decepción entre los aficionados es evidente. Su ausencia genera titulares y especulaciones, demostrando que su influencia va mucho más allá de lo deportivo. Este fenómeno mediático ha convertido a la MLS en centro de atención mundial, beneficiando enormemente a la liga norteamericana que ha visto incrementado su interés global gracias a la presencia del astro argentino.

Un nuevo capítulo en la carrera legendaria

Esta nueva versión de Messi representa un capítulo fascinante en su extraordinaria carrera. El jugador que conquistó todos los títulos posibles con el Barcelona y levantó la Copa del Mundo con Argentina, ahora nos muestra una faceta diferente en los Estados Unidos. Esta evolución nos permite comprender mejor al ser humano detrás del mito, con sus frustraciones y reacciones más viscerales.

El reciente partido contra Palmeiras por la Copa Mundial de Clubes evidenció esta transformación. Después de que su equipo dejara escapar una ventaja de dos goles en los últimos diez minutos, Messi abandonó el campo visiblemente molesto, sin hablar con nadie hasta encontrarse con el ex jugador brasileño Djalminha. Esta reacción muestra a un competidor que sigue viviendo el fútbol con la misma pasión de siempre, pero que ahora expresa sus emociones de manera más directa.

Aunque algunos critican estos comportamientos, otros ven en ellos la prueba de que Messi mantiene intacta su hambre competitiva incluso en esta etapa final de su carrera. Lo que resulta indudable es que el argentino ha añadido una nueva dimensión a su legado, demostrando que incluso las leyendas del deporte pueden reinventarse y sorprendernos cuando menos lo esperamos.

Scroll al inicio